SEATTLE, Estados Unidos.- La historia del sitio de comercio electrónico, Amazon.com, es una de las más exitosas de internet. Del concepto que hace dos décadas se planteó su fundador, Jeff Bezos, surgió un gigante global que no se conforma con el comercio digital, sino que mantiene activos innumerables negocios online. Sin embargo, su expansión aún no ha concluido: en el mejor de los casos Amazon arroja pequeños beneficios e invierte cada dólar en la ampliación de sus negocios. Los inversores, que durante años premiaron esa trayectoria, comenzaron a mostrarse impacientes, ante los resultados trimestrales.

En 1994, Bezos dejó su trabajo en Wall Street para pasar a un garage en la ciudad de Seattle donde tuvo una visión: vender todo tipo de cosas por internet. Empezó con libros, que no requerían una logística complicada y que dejaban un margen de beneficios. Tras un año de funcionamiento, y después de cambiar el nombre de Cadabra.com a Amazon.com, el 16 de julio de 1995 la empresa vendió su primer libro a un cliente externo.

Los comienzos

Bezos, de 51 años, impuso su sello en todos los aspectos de la empresa. Entre ellos se destacan, además de la continua focalización en el cliente, la rigurosa austeridad de los inicios de la compañía. Las mesas armadas con puertas viejas, que utilizó al principio, están hoy repartidas por los distintos edificios de la compañía para recordar aquella época. Ese espíritu ahorrativo ayudó también a Amazon a superar el estallido de la burbuja de internet. “Bezos es un apasionado solucionador de problemas”, afirma en su biografía el periodista tecnológico, Brad Stone. “Es un directivo con una fuente inagotable de ideas, aunque reacciona con dureza cuando sus trabajadores no cumplen con sus expectativas”, agrega.

En su tercera década de vida, Amazon se ocupará de ganar un lugar en la vida cotidiana de sus clientes como vendedor de todo tipo de artículos. En Estados Unidos, la empresa experimenta con pulsadores inalámbricos que pueden llevarse por toda la casa. Pulsando un botón se podrá encargar la compra de detergente, pasta de dientes o pañales. Además el sistema Echo -un híbrido entre altavoz y asistente virtual- es capaz de reproducir las canciones que pida el usuario, de ayudar con una receta de cocina o de anotar encargos para Amazon.

Por ahora el intento de Bezos de convertir los smartphones en una máquina de comprar resultó un fiasco. El teléfono inteligente de Amazon, el Fire Phone, apenas se vendió y dejó un agujero en las cuentas de la empresa. Sin embargo, Amazon lidera el mercado de libros electrónicos gracias a su lector, el Kindle, pese a las polémicas, como sus políticas fiscales en la Unión Europea (UE). Tras muchas presiones, desde mayo pasado, la compañía dejó de centralizar el pago de impuestos en Luxemburgo y lo tributará en los países europeos en los que tiene sus negocios.

Además, la UE investiga si Amazon restringe de manera ilegal la competencia en el mercado de libros electrónicos, sobre todo en el mercado inglés y en el alemán. Bezos no parece sentir compasión por los comerciantes minoristas, para los que Amazon puede suponer una amenaza en todo el mundo. “Evolucionarán, no abandonarán. La competencia siempre genera una evolución”, afirmó el directivo durante una entrevista con DPA. “Además, es nuestro trabajo ofrecer a los clientes la mejor oferta y el mejor servicio. Son los clientes los que deciden dónde compran, no nosotros”, concluyó.